Recuerdos del Félix
Dentro de poco concluirá mi estancia en mi instituto: Félix Rodríguez de la Fuente. Mentiría si dijera que no voy a echar de menos venir todos los días. A mediados de septiembre me volveré a despertar temprano, aún más temprano. La diferencia es que veré con ojos somnolientos otras personas, otros profesores, otras paredes... otro instituto. Aún recuerdo cuando entramos en primero: tan pequeños, tan inocentes... A pesar de que es bastante pequeño, a mi me pareció enorme. Me despertaba cada mañana pensando que me perdería al volver del cuarto de baño a mi clase: 1ºA. Luego 2ºA, 3ºA, 4ºA. Resulta gracioso que haya estado siempre en el A, casualidades de la vida. Siempre me encantó la clase en la que estaba cada año.
Llevo ya cuatro años con Manuel, Laura y Eduardo. El año que viene no estaré con ellos. Éste es el último año que pasaré con muchos compañeros, me entristezco solo de pensarlo. Una de las cosas por las que siempre estaré eternamente agradecida al Félix es porque me ha hecho conocer a personas maravillosas, algunas de ellas forman y, espero, formarán parte de mí el mayor tiempo posible. También me ha hecho abrir los ojos con personas que no valen la pena y, de alguna manera, madurar. Noto el cambio que tanto mis compañeros como yo hemos dado desde que entramos. Hemos crecido juntos, una pequeña familia.
Y en ella no pueden faltar unos padres. Ellos han formado también parte de nuestro paso por el instituto y, en mi opinión, jugando un papel crucial. Nos han visto crecer, aprender (en algunos casos más que en otros), nos han cuidado, nos han criado... De ahí pasar a llamarlos padres en lugar de profesores. En mi opinión todos hemos creado lazos con todos y que echaremos de menos hasta al profesor con el que peor nos llevemos. Y ellos a nosotros, estoy segura.
Recuerdo que cuando Bartolomé nos daba clase nos quejábamos de él: que si era muy duro, que si no aprobamos, que si la hojita de pronunciación... Y ahora, que estoy en cuarto de la ESO, le estoy muy agradecida por haberse comportado así. Gracias a él tengo una buena base de francés y un cariño inmenso. Quién me diría a mí hace unos años que le iba a querer tanto...
También recuerdo el miedo que me daba Olga cuando nos mandaba a callar o cuando levantaba una ceja. Ahora, muy a su pesar, ha perdido todo el respeto que tenía unos años antes y no consigue mandarnos a callar. A decir verdad, es la única profesora que nos ha aguantado cuatro años. La queremos muchísimo, y ella a nosotros.
Me gustaría mencionar también a Sandra, que nos ha aguantado tres largos años pero tengo que reconocer que es una de las mejores profesoras que he tenido y que tendré. Siempre recordaré su gran sonrisa, las veces que rellena y borra la pizarra de apuntes para que entendamos la materia y sus: ¡buenos días tengan ustedes!, que nos alegran todas las clases.
Paloma, nuestra mamá, que nos trae canciones, que nos cuenta anécdotas de su vida y que siempre encuentra una excusa para meterse con nosotros, aunque lo hace porque nos quiere.
Y por último, y no menos importante, darle mil gracias a nuestro papá, nuestro yprofesor, que llevamos dos años contigo y nos hemos cogido un cariño inmenso. Nunca olvidaré las clases de lengua, las chuches y chocolatinas que nos traes, los asquerosos audiolibros que sólo tú nos haces escuchar, las bromas en clase, los motes (Superwoman, Epi, Blas, señorita Arcos...), que nos llames monstruos aunque sabemos que nos amas con todo tu corazón... Nos entregarás las orlas y nos leerás un fantástico discurso que nos hará llorar, incluso a ti. Nos echarás de menos... Querré ver nuestra orla pegada en la pared de secretaría cuando vaya a visitaros.
En conclusión, he pasado cuatro geniales años aquí y nunca los olvidaré, ni a mis profesores, ni a mis compañeros, ni los momentos vividos.
Hasta siempre Félix Rodríguez de la Fuente.
Amanda Ávila Mantilla 4ºA